Nota editorial
 
Fecha: 05/11/2007
Fuente: EL FINANCIERO Sección: NEGOCIOS Página (s):
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Alerta AmCham por ingreso de autos chatarra de EU

Autor: Notimex


La Cámara Americana de Comercio en México (AmCham) alertó al gobierno del riesgo que significa abrir la frontera a la importación de vehículos chatarra de Estados Unidos, porque dañará a la industria automotriz nacional y afectará al medio ambiente.

El director general de la AmCham, Larry Rubin, dijo en entrevista que al día de hoy han ingresado a México más de un millón de automóviles considerados chatarra.
"Cuántos inspectores se necesitan para verificar un millón de automóviles? -se preguntó-, la verdad es que se está verificando a una minoría, probablemente a menos de 25 por ciento".
Dijo que la apertura de la frontera para 2009, prevista en el Tratado de Libre Comercio, ha preocupado a los socios de la AmCham porque "ante estos cambios se van a necesitar muchos más inspectores para evitar un deterioro al medio ambiente".
"La AmCham alerta a la Secretaría de Medio Ambiente (de México) del gran peligro que conlleva la entrada de vehículos chatarra, no inspeccionados", lo que implicaría una competencia desleal.
Rubin subrayó que los automóviles que se fabrican en México cumplen con todas las disposiciones legales, como los controles de emisiones ambientales.
"Si un auto chatarra no trae (esos controles), no es sólo una competencia desleal, también es una afectación importante al ambiente", explicó.
Sostuvo que a poco más de un año de que tenga lugar la apertura de la frontera, ha proliferado entre los estadounidenses el llevar sus automóviles viejos "y que no funcionan" para darlos a bajo precio y con destino final al mercado mexicano.
"Al día de hoy ya hay un millón de automóviles usados y nuestra mayor preocupación es que al abrirse el mercado entrarán más automóviles chatarra, no hay suficientes inspectores para verificar", insistió.
Muchos vehículos "entran por un semáforo igual que los viajantes que llegan por el aeropuerto internacional, y la gran mayoría de las veces les toca la luz verde para ingresar sin revisión".
"Queremos trabajar con el gobierno mexicano y hemos estado en contacto con las asociaciones mexicanas de la Industria Automotriz y de Distribuidores de Automotores, quienes están preocupados por el tema", subrayó el representante de las empresas estadounidenses en nuestro país.

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Fecha: 05/11/2007
Fuente: REFORMA Sección: NEGOCIOS Página (s):
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Apoya la UE a México en revisión de normas

Autor: Lucero Almanza


(2 noviembre 2007).- La Unión Europea apoyará a México en la revisión de 6 mil 800 de sus normas, con el fin de evaluar y depurar su marco normativo, informó Rafael Nava, presidente de la Comisión de Normatividad de la Concamin.

En entrevista, explicó que la revisión de normas forma parte de un acuerdo que establecieron las autoridades mexicanas con la UE, la cual debe quedar concluida hacia finales de este año.
Nava mencionó que estas acciones permitirán un mayor orden en la clasificación de normas, además de mejorar la calidad de los productos y el control en las aduanas.
"Se va a hacer esa revisión, la comparación contra las normas internacionales, y un plan de qué se debe hacer, una recomendación por parte de la Unión Europea", detalló.
Y es que, agregó, de acuerdo con disposiciones de ley, las autoridades federales deben revisar alrededor de 150 normas cada año, sin embargo, en México no se tienen los recursos suficientes para dicho análisis.
"No hay capacidad instalada por parte de las autoridades para revisar 150 normas por año, necesitan más presupuesto, más personas; y no es solamente montos, también se requieren expertos y gente capacitada para eso", aseguró.
El especialista detalló que actualmente en el País hay 800 normas oficiales mexicanas (NOM) y aproximadamente 6 mil normas mexicanas (NMX).
De las 800 NOM, alrededor de 300 disposiciones no tienen un uso efectivo, además de que no es posible certificarlas, manifestó.
Respecto a las 500 normas restantes, añadió que si bien aplican en las áreas correspondientes, no todas tienen la infraestructura necesaria para verificar su cumplimiento.
Pero Nava indicó que el reto para las autoridades será llevar a cabo la homologación de las disposiciones mexicanas con las normas internacionales, pues para cumplir las recomendaciones sí hay gente experta, pero no fácilmente disponible y, además, se requiere de inversión.

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Fecha: 05/11/2007
Fuente: EXCÉLSIOR Sección: DINERO Página (s):
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Claroscuros del TLCAN

Autor: Lorena Rivera


El problema de la apertura radica desde el ángulo de la inversión extranjera, que ha estado concentrada en la Ciudad de México y en los estados del norteLa apertura comercial y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte para México se traducen en luz y sombra para México.

Quienes han sabido aprovechar estos dos hechos son las grandes empresas y los estados del norte del país; mientras que la pequeña industria y las entidades sureñas son las que se ha visto más afectadas. “No tanto por el tratado, sino por cómo se dio el proceso de apertura económica”, indica Carlos Alba, profesor e investigador del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México (Colmex).
Observa que como el tratado ha estado ligado al proceso de apertura, ello permitió intensificar los intercambios económicos de México y por eso la estructura de las exportaciones cambiaron notablemente en las últimas décadas.
“Podemos marcar tres momentos. Hasta finales de los años 70 las exportaciones estuvieron dominadas por productos primarios, fundamentalmente del sector privado; posteriormente vienen los años del auge petrolero, de finales de los 70 hasta 1986; y en tercer término, coinciden la caída de los precios del petróleo con la adhesión de México al GATT y se inicia un proceso mucho más radical de apertura”, explica.
En torno a las exportaciones, Alba comenta que si bien han crecido y se han diversificado, también se concentró en pocas empresas la mayoría de los productos a vender hacia el exterior.
“Es un número muy limitado de las empresas que tienen 20 por ciento de las exportaciones, se cuentan con los dedos de una mano, y por otra parte, no llegan a 700 compañías las responsables del 80 por ciento restante de los productos.”
Entonces, resalta, el proceso de apertura y el TLCAN permitieron que fuese aprovechado principalmente por las grandes empresas mexicanas, pero también por las transnacionales y las maquiladoras para abastecer al mercado de América del norte.
“A principios de los años 80, Estados Unidos captaba entre 62 y 65 por ciento de las exportaciones mexicanas y en la actualidad es de alrededor de 90 por ciento”, observa el investigador.
“Las empresas que fabrican en México para vender a Estados Unidos lo hacen en una lógica de integración más intensa, pero ello hace difícil que haya una diversificación de las exportaciones.”
Por otro lado, dice Alba, con la apertura empieza a haber una transformacion muy fuerte de las inversiones destinadas a la industria para la exportación.
Alba visualiza tres momentos de inversión: “primero, mayoritariamente para la industria; segundo, con la liberalización de la banca viene el grueso de las grandes inversiones para comprar a partir de 2001, que se da con la venta de Banamex por 21 mil millones de dólares; y en tercer lugar, el capital compra grandes cadenas comerciales.”
El problema tanto de la apertura como del TLCAN, indica Carlos Alba, radica desde el ángulo de la inversión extranjera, porque ha estado altamente concentrada en la Ciudad de México y en los estados del norte del país, lo cual ha tendido a marcar desigualdades respecto a otros estados, como Chiapas, Oaxaca y Tabasco, sólo por mencionar algunos.
Para Alicia Girón, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, la apertura comercial ha sido negativa para el país, porque ha permitido una mayor competencia entre los productos que se hacen en México con los del exterior.
“La apertura que se hizo en nuestro país no contó con el apoyo del Estado para las pequeñas y medianas empresas. Al tener un tipo de cambio sobrevaluado previo a la crisis de 1994-1995, gran parte de las empresas dejaron de pagar sus créditos, cerraron sus empresas y se volvieron distribuidoras de los mismos productos que producían. Incluso otras se vendieron a inversionistas extranjeros que aprovecharon el acuerdo del TLCAN para utilizar a México como plataforma explotadora”, relata.
La investigadora explica que el país no ha sabido aprovechar el intercambio comercial, “porque su proyecto fue conducir toda su producción hacia el sector externo. No se dio cuenta que podría haber otro tipo de competidores como es el caso de China”.
Por ello, desde su punto de vista, no ha habido grandes beneficios, “cuando se planteó el TLCAN se pensó que iban a venir las grandes inversiones y México iba a despegar no sólo produciendo para la exportación sino para el mercado interno”.
Respecto a lo positivo y negativo en esta experiencia de apertura comercial, Girón dice que la estructura de la economía mexicana está totalmente integrada a la economía norteamericana.
“Nuestro principal cliente es Estados Unidos. Difícilmente podemos dejar de importar para seguir creciendo. El TLCAN era un acuerdo necesario para poner en orden la casa. Sin embargo, nuestros negociadores no tuvieron imaginación de que no son los gobiernos y las buenas intenciones los que ordenan estos acuerdos posteriores a la firma. Son los agentes económicos.
“Las grandes empresas, los corporativos financieros son los que deciden sus inversiones. México no supo aprovechar la oportunidad del TLCAN. Pensó que sin el Estado y sin la interferencia de él todo sería mucho mejor para la economía mexicana. En un país subdesarrollado, el Estado tiene que retomar la conducción económica y canalizar su gasto público a la procuración del empleo. Un mejor diseño del plan de desarrollo es prioritario”.
El problema de la apertura radica desde el ángulo de la inversión extranjera, que ha estado concentrada en la Ciudad de México y en los estados del norteLa apertura comercial y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte para México se traducen en luz y sombra para México.
Quienes han sabido aprovechar estos dos hechos son las grandes empresas y los estados del norte del país; mientras que la pequeña industria y las entidades sureñas son las que se ha visto más afectadas. “No tanto por el tratado, sino por cómo se dio el proceso de apertura económica”, indica Carlos Alba, profesor e investigador del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México (Colmex).
Observa que como el tratado ha estado ligado al proceso de apertura, ello permitió intensificar los intercambios económicos de México y por eso la estructura de las exportaciones cambiaron notablemente en las últimas décadas.
“Podemos marcar tres momentos. Hasta finales de los años 70 las exportaciones estuvieron dominadas por productos primarios, fundamentalmente del sector privado; posteriormente vienen los años del auge petrolero, de finales de los 70 hasta 1986; y en tercer término, coinciden la caída de los precios del petróleo con la adhesión de México al GATT y se inicia un proceso mucho más radical de apertura”, explica.
En torno a las exportaciones, Alba comenta que si bien han crecido y se han diversificado, también se concentró en pocas empresas la mayoría de los productos a vender hacia el exterior.
“Es un número muy limitado de las empresas que tienen 20 por ciento de las exportaciones, se cuentan con los dedos de una mano, y por otra parte, no llegan a 700 compañías las responsables del 80 por ciento restante de los productos.”
Entonces, resalta, el proceso de apertura y el TLCAN permitieron que fuese aprovechado principalmente por las grandes empresas mexicanas, pero también por las transnacionales y las maquiladoras para abastecer al mercado de América del norte.
“A principios de los años 80, Estados Unidos captaba entre 62 y 65 por ciento de las exportaciones mexicanas y en la actualidad es de alrededor de 90 por ciento”, observa el investigador.
“Las empresas que fabrican en México para vender a Estados Unidos lo hacen en una lógica de integración más intensa, pero ello hace difícil que haya una diversificación de las exportaciones.”
Por otro lado, dice Alba, con la apertura empieza a haber una transformacion muy fuerte de las inversiones destinadas a la industria para la exportación.
Alba visualiza tres momentos de inversión: “primero, mayoritariamente para la industria; segundo, con la liberalización de la banca viene el grueso de las grandes inversiones para comprar a partir de 2001, que se da con la venta de Banamex por 21 mil millones de dólares; y en tercer lugar, el capital compra grandes cadenas comerciales.”
El problema tanto de la apertura como del TLCAN, indica Carlos Alba, radica desde el ángulo de la inversión extranjera, porque ha estado altamente concentrada en la Ciudad de México y en los estados del norte del país, lo cual ha tendido a marcar desigualdades respecto a otros estados, como Chiapas, Oaxaca y Tabasco, sólo por mencionar algunos.
Para Alicia Girón, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, la apertura comercial ha sido negativa para el país, porque ha permitido una mayor competencia entre los productos que se hacen en México con los del exterior.
“La apertura que se hizo en nuestro país no contó con el apoyo del Estado para las pequeñas y medianas empresas. Al tener un tipo de cambio sobrevaluado previo a la crisis de 1994-1995, gran parte de las empresas dejaron de pagar sus créditos, cerraron sus empresas y se volvieron distribuidoras de los mismos productos que producían. Incluso otras se vendieron a inversionistas extranjeros que aprovecharon el acuerdo del TLCAN para utilizar a México como plataforma explotadora”, relata.
La investigadora explica que el país no ha sabido aprovechar el intercambio comercial, “porque su proyecto fue conducir toda su producción hacia el sector externo. No se dio cuenta que podría haber otro tipo de competidores como es el caso de China”.
Por ello, desde su punto de vista, no ha habido grandes beneficios, “cuando se planteó el TLCAN se pensó que iban a venir las grandes inversiones y México iba a despegar no sólo produciendo para la exportación sino para el mercado interno”.
Respecto a lo positivo y negativo en esta experiencia de apertura comercial, Girón dice que la estructura de la economía mexicana está totalmente integrada a la economía norteamericana.
“Nuestro principal cliente es Estados Unidos. Difícilmente podemos dejar de importar para seguir creciendo. El TLCAN era un acuerdo necesario para poner en orden la casa. Sin embargo, nuestros negociadores no tuvieron imaginación de que no son los gobiernos y las buenas intenciones los que ordenan estos acuerdos posteriores a la firma. Son los agentes económicos.
“Las grandes empresas, los corporativos financieros son los que deciden sus inversiones. México no supo aprovechar la oportunidad del TLCAN. Pensó que sin el Estado y sin la interferencia de él todo sería mucho mejor para la economía mexicana. En un país subdesarrollado, el Estado tiene que retomar la conducción económica y canalizar su gasto público a la procuración del empleo. Un mejor diseño del plan de desarrollo es prioritario”.